Desde hace varios meses, me he sentido inquietada a reunir en un solo espacio los pensamientos que suelo escribir de manera suelta en mis perfiles creados en otras redes sociales, principalmente Facebook e Instagram. Son escritos cortos y sencillos que brotan de un corazón agradecido por tanta gracia, favor, misericordia, amor y perdón manifestada por Dios en su vida.
Así que iniciaré haciendo una recopilación de dichos textos, e iré añadiendo los que vayan surgiendo en lo adelante, siempre tomando en cuenta la Palabra de Dios, que es la que nos limpia y purifica, esperando que sea de bendición para quienes puedan leerlos y que el Señor Jesucristo sea siempre honrado y glorificado en todo.
En ese sentido, me permitiré inaugurar este blog copiando un post que publiqué el pasado 20 de febrero, fecha en que cada año conmemoro mi llegada formal a los caminos del Señor.
Cito:
 |
| Imágenes de fuente externa |
Un día como hoy, pero en el año 2003, confesé y recibí, de manera formal, a Jesucristo como mi Señor y Salvador. No digo que hace 15 años me convertí, porque todavía estoy en ese proceso de convertirme en la persona que Dios ha determinado que sea para la gloria de su Nombre.
Ha sido un camino largo, en donde quizás no he sido la más fiel de las creyentes y, en ocasiones, me haya apartado lo suficiente como para desagradar a Dios y herir a otros; una temporada de altas y bajas de aciertos y desaciertos, de errores, que quizá al sol de hoy pago, pues hay gente a las que aún amo que quisiera tener a mi lado, pero no es así. Sin embargo, en cada tropiezo y/o caída he visto a Dios extender su mano de misericordia, levantarme, restaurarme y caminar conmigo; lo he visto mostrarme su favor, amor, gracia y bondad; perfeccionar su poder en medio de mi debilidad, y haciendo que TODO, incluso mis errores, me ayude para bien, conforme al propósito para el cual me ha llamado.
Tras cada proceso salgo siendo diferente y mejor en Él para la gloria suya. Así que no tengo dudas de que “Jehová cumplirá su propósito en mí”, sin importar lo imposible que parezca cada promesa que me ha dado; En Dios está mi esperanza y seguridad.
«No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús. Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús». Filipenses 3:12-14