En varias ocasiones hemos mirado hacia atrás y nos encontramos con más de un episodio qué no nos gusta, que quizás nos hace arrepentirnos del accionar que tuvimos, de los errores que cometidos, por lo que hemos llegado a exclamar: “¡con la madurez y experiencia de hoy día no hubiese hecho tal cosa en aquel entonces!”; ignorando que probablemente la experiencia y madurez que hoy ostentamos, es fruto de esos errores, de esas caídas, esos fracasos y aquellas torpezas que terminaron siendo las lecciones necesarias para forjar el carácter y la mejor persona que quizás somos ahora, aunque el proceso de mejorar no se detiene.
Es necesario dejar de lamentarnos por lo que pudo ser y no fue, lo que pudimos tener pero no poseemos, ya que con lamentos no cambiaremos lo que ocurrió. Debemos recordar que Dios nos escogió desde antes de la fundación del mundo y nos amó (Efesios 1:4-5), de antemano sabía quiénes y cómo seríamos y qué cosas haríamos, aun así nos dio la oportunidad de nacer y vivir, porque por encima de todos los errores y fracasos Jehová “sabe los planes que tiene acerca de nosotros, planes de bien y no de mal, para darnos un futuro y una esperanza”; Él tiene un propósito perfecto para con nosotros y de alguna manera tomará esos errores, esa vergüenza y los utilizará como una herramienta de bendición para nosotros mismos e incluso para la edificación, motivación y salvación de otros.
Tampoco debemos permitir que nos señalen, pues solo Dios es perfecto, por tanto es la única persona con calidad moral para juzgarnos; sin embargo, es precisamente Él quien ha decidido perdonarnos, bendecirnos y restaurarnos.
En resumen, todo lo que hemos vivido, incluyendo los errores cometidos y las consecuencias que estos han traído, es parte del testimonio que Dios está forjando en nuestras vidas, para manifestar su gracia, su gloria y su perdón, porque “lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en su presencia”.
No te atormentes más por lo que no hiciste bien, Dios ha visto tu dolor y arrepentimiento, también la forma como has atravesado las consecuencias de tus actos, por lo tanto levanta tu mirada y “prosigue al blanco, al premio de la soberana vocación de Dios en Cristo Jesús”. Si ya le entregaste tu vida al Señor recuerda siempre “que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”; y “a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados”.
Como he dicho en escritos anteriores, si continúas con vida es porque aún queda propósito de parte de Dios para tu existir, así que “Echa sobre Jehová tu carga, y él te sustentará; No dejará para siempre caído al justo”; “Jehová cumplirá su propósito en ti, porque su Misericordia es para siempre”.
¡Nunca olvides que la Gracia de Dios Restaura!
«Aquello que fue, ya es; y lo que ha de ser, fue ya; y Dios restaura lo que pasó».Eclesiastés 3:15

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