La parte que me toca y la parte que le toca a Dios

📖 «Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.» — Juan 15:5

Muchas veces creemos que nuestra responsabilidad es producir resultados.

Pero Jesús nos enseña algo diferente.

Nuestra responsabilidad es permanecer en Él.

El fruto es consecuencia de esa permanencia, no de nuestra ansiedad.

Podemos trabajar, planificar, sembrar, estudiar, servir, emprender, ministrar y esforzarnos con excelencia. Sin embargo, hay una parte del proceso que nunca estará bajo nuestro control.

No podemos obligar a una semilla a crecer.

No podemos fabricar el favor de Dios.

No podemos producir por nuestras propias fuerzas aquello que sólo Él puede dar.

Hay puertas que Dios abre.

Hay corazones que Dios toca.

Hay oportunidades que Dios concede.

Hay frutos que Dios hace crecer.

Y cuando olvidamos esto, terminamos agotados intentando cargar responsabilidades que no nos pertenecen.

Quizás hoy te sientes frustrada porque has estado orando, trabajando, sirviendo o sembrando mucho y los resultados parecen pequeños.

Tal vez te esfuerzas en tu matrimonio.

Tal vez en la crianza de tus hijos.

Tal vez en un ministerio.

Tal vez en un proyecto.

Tal vez en una meta personal que todavía no ves florecer.

Juan 15:5 nos recuerda que el llamado de Jesús no es a obsesionarnos con el fruto, sino a permanecer cerca de Él.

Cuando hacemos nuestra parte y dejamos en Sus manos aquello que sólo Él puede hacer, encontramos descanso.

💭 Reflexión:

¿Qué área de tu vida te está llevando a medir tu valor por los resultados visibles, en lugar de por tu fidelidad a Dios?

🙏 Oración:

Padre, gracias porque no me llamas a cargar pesos que te corresponden a Ti. Ayúdame a permanecer en Cristo y a confiar en que Tú eres quien produce el fruto en el tiempo correcto. Enséñame a trabajar con diligencia, pero también a descansar en Tu soberanía cuando los resultados no son los que esperaba. Que mi confianza esté en Ti y no en lo que mis ojos alcanzan a ver. En el Nombre de Jesús. Amén.

Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *